miércoles, 14 de agosto de 2013

ZARA. HISTORIA DE UNA ALARMA.

Cuando vamos de compras muy a menudo es fácil que nos ocurran cosas curiosas relacionadas con las tiendas, las prendas, los dependientes... seguro que conforme leéis estas palabras se os está viniendo a la cabeza alguna. A los que nos seguís en Twitter os sonarán un par de comentarios que hice con respecto a algo muy curioso que me pasó hace unos días en Zara y que en un principio me hizo mucha gracia, pero que acabó suponiéndome un pequeño problema e indignándome mucho, a partes iguales...

Hará un par de semanas entré en un Zara de la provincia de Madrid que no está cerca de mi casa (unos 18 km.) y por el que pasé por casualidad, pues iba a ver a una amiga que vive cerca. Como es mi costumbre, piqué. Un jersey y unos shorts vaqueros se vinieron conmigo. Cuando llegué a casa me di cuenta de que el jersey ¡tenía la alarma puesta! No me había dado cuenta porque al salir de la tienda no había sonado... 
Al día siguiente, con mi jersey, su alarma-regalito y mi ticket de compra sin una arruguita, me presenté en el Zara que me coge más cerca de casa (10 km.), que no era el mismo en el que había comprado el jersey. Cuando entré por la puerta la alarma no sonó. Le expliqué el grave suceso a una dependienta que cacé al vuelo y que se extrañó muchísimo de que la alarma no hubiera sonado. Pasó ella misma el jersey por el arco-detector-de-alarmas y no sonó, tuvo que dejarlo unos segundos quieto dentro del arco para que la alarma hiciera su trabajo. Con el ceño muy fruncido la dependienta entró a hablar con su encargada, y al cabo de 5 minutos, salió con cara de circunstancias. La misma cara que se me quedó a mí cuando me explicó que no me podían quitar la alarma porque esta contenía información sobre la prenda y esto influía en la información sobre su stock, bla bla bla... no recuerdo más, porque no trabajo en Zara y no conozco su organización interna... solo quería que me resolvieran un problema que yo no había generado. Así que me volví a casa con el problema sin resolver. La alarma, por cierto, no sonó tampoco cuando salí de la tienda.
Como no me convenció la respuesta y me daba la impresión de que se habían lavado las manos para quitarse un marroncete de encima,  al día siguiente llamé a Atención al Cliente y ¿sabéis lo que me dijeron? Que me lo resolvían en cualquier Zara, que fuera al que me cogiera más cercano. Cuando le expliqué a la persona que me atendió que ya lo había hecho y no me habían ayudado, se comprometieron a hablar con la encargada de la tienda para que me lo solucionaran. Así que una servidora, encabezonada con que me quitaran la alarma en la tienda mala que no había querido ayudarme, me presenté al día siguiente, de nuevo, con mi jersey, su alarma, el ticket y cara de mosqueo. He de decir que como soy una pecadora compulsiva, antes de enzarzarme en la discusión que se avecinaba me di una vueltecita por la tienda y compré un par de camisetas muy rebajadas y que además, recogí un pedido que había hecho hacía unos días online. Cuando volví a explicar mi problema de gravedad mundial, las dependientas que habían alrededor de la caja me miraron con cara de horror. La encargada también estaba allí y me contó la historia del día anterior: que no me la podían quitar, bla bla bla, mientras el coro de dependientas asentía, todas con caras compungidas. Durante diez minutos me dio todo tipo de explicaciones para no quitarme la alarma. Desde la información-secreta-super-importante que contiene la alarma, hasta los nuevos sistemas que tienen instalados en la tienda, pasando por el pequeño detalle de que yo podía haber robado la prenda. Creo que precisamente ahí estaba la cuestión. 
"Evidentemente, si robo un jersey de 7,99 euros, no voy a venir a la tienda a que me quitéis la alarma", dije yo cada vez más cabreada y, por cierto, con dos bolsas de Zara, compradas y pagadas allí mismo 10 minutos antes, por valor de unos 60€. Tampoco me extendí en explicaciones, pues no me apetecía defenderme de algo que no tenía mucho sentido, porque además presentaba el ticket de compra, lo mismo que te piden cuando devuelves una prenda. Así que recurrí a mi arma secreta, la llamada a Atención al Cliente. Le expliqué a la encargada lo que me habían dicho y le insinué que no pensaba moverme de allí hasta que me quitaran la alarma pues me habían asegurado por teléfono que ellas podían resolverme el problema. La encargada entraba y salía del almacén con la misma cara que los líderes mundiales cuando intentan resolver el problema de la crisis y una y otra vez negaba con la cabeza, repetía los argumentos que ya me había dado, insinuaba que podía haberlo cogido ahora mismo de su propia tienda y añadía la coletilla de "no digo que tú lo hayas hecho...". No, no lo había hecho, pero con el paso de los minutos empezaba a sentirme como si lo hubiera robado de verdad y la gente que iba pasando por caja  y que oía perfectamente la conversación tensa que manteníamos la encargada y yo debía de pensarlo también. Tengo que decir que pasé mucha vergüenza. Y no tenía porqué hacerlo.

Cuando le insistí a la encargada en que no me iba a mover de allí y que la señorita que me había atendido en Atención al Cliente me había asegurado que iba a hablar con ellas para que me ayudaran, esta reconoció que, efectivamente, habían llamado de allí por la mañana... y tras pensárselo un poco más y jurar y perjurar que llamaría a Atención al Cliente ella misma y que los pondría a caer de un burro, decidió "como un favor", quitarme la alarma.
He de decir que se momento paso ante mis ojos a cámara lenta. Veía a la encargada ir hacia la mesa con el jersey, introducir la alarma en el aparatito quita alarmas, y liberar a mi pobre jersey de las garras de la alarma-mala. Me dieron ganas de decirle a la amable encargada "¿Ves como no ha pasado nada, no han empezado a sonar todas las alarmas a la vez ni ha venido la policía a detenerte? Mujer, si era solo querer...". Sobre todo, porque mientras la quitaba añadía muy triste y con los ojos llorosos "que se sentía como si hubiera cogido una prenda de alguna de las mesas y me la estuviera dando, regalándomela" (o sea, como si yo la hubiera robado, añado). Palabras textuales, aunque parezca increíble y aunque yo le hubiera enseñado lo único que tenía para demostrar que había comprado el jersey, el ticket. Lo de que me quitara la alarma como un favor ya me molestó pero estas últimas palabras me sentaron muy mal, me ofendieron y me humillaron y quizás tenía que haberle dicho cuatro cosas a la amable encargada. Pero no lo hice, cogí mi jersey, me callé prudentemente y me fui.

En conseguir que me resolvieran el problema del jersey de 7,99€, que yo no había generado, solo tardé 30 minutos y 40 kilómetros (2 viajes de ida y vuelta a casa). En olvidarme del mal rato que me hicieron pasar voy a tardar más y, por supuesto, no pienso volver a pisar ese Zara donde me marearon, me consideraron una posible ladrona, me enseñaron cómo no tratar a un cliente y convirtieron una divertida anécdota en un rato desagradable. Y muy surrealista. 

Evidentemente, no puedo decir que no voy a volver a Zara porque os mentiría...

6 comentarios:

  1. Yo una vez quitada la alarma le hubiera puesto una hoja de reclamaciones

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    1. Sí, debería haberlo hecho, pero no tenía más ganas de estar allí. Después, en casa, me arrepentí de no haberlo hecho. ¿Qué tal todo? ¡Un besote!

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  2. Ya lo vi en twitter!!! pero me parece extremadamente indignante. Y además le hubiera dicho: si taaaanta informaci-on contiene la alarma, mirala y verás que no la he cogido de la mesa.
    Me he indignado solo de leerlo!!!!!!

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    1. Jaja, gracias por vuestro apoyo moral!!! Lo de la super-alarma-llena-de-información me dejó perpleja, yo creo que perdí la capacidad de reaccionar por ella, jiiji...

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  3. Eso es lo más triste, que nos explicas cómo te sentiste, cómo te trataron y que además VOLVERÁS

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  4. Sí, la sensación fue, como explico, muy desagradable. Y sí, volveré. Obviamente no a ese Zara, pero sí a cualquier otro. Tengo que decir que, salvo este incidente, siempre me han atendido muy bien en Zara, las dependientas suelen ser bastante amables y hasta ahora no tenía ninguna queja. Incluso la persona que me atendió por teléfono en Atención al Cliente fue amabilísima y se molestó en llamar a la tienda y pedir que me resolvieran el problema. Pero te doy la razón en que todo esto que ha pasado merece, al menos, reflexionar sobre el casi monopolio de la firma y cómo nos movemos muchas veces con todo el rebaño. ¿Alguna propuesta, Anónimo? Gracias por comentar, un saludo.

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